octubre 19, 2010
Se nos hacen los vivos, nos buscan, nos apuran. pero después nos miden, nos esquivan, nos huyen. A la hora de los bifes, se proclaman inapetentes y dicen que quieren un asado, que tarda más y les da más tiempo para seguir cagándose encima. ¿De qué tienen miedo? ¿De quedar expuestos, desnudos, desprotegidos, atacables, pequeñitos, indefensos, vulnerables? Sí, así van a quedar. ¿Y qué? Tanto así como nosotras, cuando con ojos de nutria recién cazada los miramos fijo, les largamos el “te quiero” apresurado e imploramos que no nos coman antes de tiempo. Banquénsela. De vez en cuando, está bueno sacarse el traje de cazador, abrirse de gambas, y dejarse cazar.
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